Pablo Chao

Dice Pablo Chao de su niñez: “recuerdo el olor a cemento húmedo del lavadero de mi abuela. En Lamarque, un pueblo en el centro de Río Negro, mis abuelos vivían en una casa muy larga, con una entrada profunda que en el fondo tenía una especie de depósito que pocas veces se abría, un lavadero con pileta de cemento de doble canilla, y una pequeña ducha.

Mi abuela tenía la costumbre de dejar el baño principal de la casa para las visitas que no fueran de la familia. Como estoy recordando ahora que esas visitas no eran tantas, hoy supongo que ese baño y su modernidad era una especie de monumento logrado por su progreso laburante, y que se empecinaban a tal punto en su conservación, que era casi imposible encontrar una excusa para usarlo que vaya más allá de mirarse al espejo.

Los que sí integrábamos la familia, el círculo de confianza, usábamos el baño del lavadero del fondo, que más por humedad que por falta de higiene estaba habitado por algunas telarañas con sus respectivas arañas zancudas.

El olor a humedad y jabón blanco de ese baño del lavadero de mi abuela, era olor a miedo que se enfrenta. Cada ducha era una batalla ganada.

Conocé más sobre Pablo.


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